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Oikos: el arte como refugio y resistencia en la vida de Pascale Zintzen

En una casa tranquila de Barcelona, donde conviven los silencios del mediodía con las risas de dos niños, nacen las piezas de Oikos Estudio. Es el proyecto personal de Pascale Zintzen, artista nacida en Bélgica y madre de Marius y Billy, de 11 y 10 años. Hace una década dejó su país natal y encontró en Barcelona no solo un lugar para vivir, sino también el escenario para una transformación profunda: la de convertir el dolor en creación, la rutina en arte, y la maternidad en inspiración.

Desde el inicio, Oikos Estudio ha sido mucho más que un taller. Es un espacio íntimo y vital, donde la cerámica, la pintura y el mortero de cal se entrelazan con lo cotidiano. Pascale trabaja con materiales naturales, sencillos, casi primitivos, con un respeto absoluto por la materia prima. Cada obra parece contener algo más que forma: una pausa, una historia, una cicatriz.

“Oikos Estudio nació en mi hogar en Barcelona, en un momento de transformación personal. Convertí un capítulo difícil en arte. Mi inspiración proviene de la cerámica antigua, mi lenguaje natural gracias a mis estudios en arqueología; buscando el equilibrio entre cultura y naturaleza, ruido y silencio, exterior e interior...”

Con formación en arqueología, Pascale encuentra en la cerámica un lenguaje ancestral que le permite hablar del presente. Su práctica está atravesada por una sensibilidad muy personal, en la que el arte no se aleja de la vida, sino que se confunde con ella. “Mi arte nace de mi día a día”, explica, “marcado por mi experiencia como madre soltera y artista. Exploro la intersección entre feminismo, maternidad y creatividad, reflexionando sobre el hogar como una micro sociedad y el papel de las mujeres y madres en él”.

Desde su perspectiva, el hogar no es solo un espacio físico, sino un centro simbólico que revela las dinámicas del mundo exterior. En ese espacio íntimo, Pascale encuentra preguntas, contradicciones y también una fuerza inmensa. La maternidad, lejos de ser un obstáculo para la creación, se convierte en impulso. Y esa energía vital, a veces caótica, siempre presente, es parte fundamental de su obra.

Cuando se le pregunta qué mensaje busca transmitir con su trabajo, responde con tres palabras: “fuerza, poesía y hermandad”. Esa tríada resume con precisión el espíritu de Oikos: la fuerza que emerge de las experiencias difíciles, la poesía que se esconde en los gestos sencillos, y la hermandad como puente entre mujeres, artistas, madres y creadoras.

En un mundo que suele separar lo profesional de lo personal, lo artístico de lo doméstico, Pascale Zintzen hace todo lo contrario. Su arte no se escapa de su vida; se alimenta de ella. Y en ese gesto profundamente honesto, nos recuerda que crear también puede ser una forma de resistir, de sanar y de habitar el mundo con más verdad.

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